jueves, 30 de octubre de 2014

Marca de la Memoria en Punta del Este. Lila y Claudio Epelbaum

Difundimos.

Marca de la Memoria en Punta del Este

Esta marca recuerda a los hermanos Claudio y Lila Epelbaum de nacionalidad argentina, secuestrados el 4 de noviembre de 1976 de las oficinas de Pluna en un operativo del Plan Cóndor mientras compraban los pasajes de regreso a su país. Fueron trasladados ilegalmente a Argentina y torturados en el centro clandestino de detención “El Banco”, los restos de Lila fueron hallados en el Cementerio de Avellaneda e identificados en mayo de este año, Claudio permanece desaparecido.



Carta contra el olvido - Hijos México

México: ¿Dónde están?
 Movilizaciones de solidaridad se han registrando en América latina para pedir que vuelvan con vida 43 estudiantes secuestrados en Iguala, Guerrero, en el sur de México, el 26 de septiembre pasado.
Las investigaciones preliminares indican que los responsables, la mayoría agentes de la policía, están bajo acusación de matar a balazos a seis personas, herir a 20 más y secuestrar a los 43 estudiantes, confesaron que los desaparecidos fueron asesinados, quemados y enterrados.
El sacerdote mexicano Alejandro Solalinde, activista y defensor de los derechos humanos, señaló que “algunos testigos me han dicho que algunos estudiantes estaban vivos todavía, estaban heridos. A ellos, junto con los cuerpos de los muertos, los trasladaron en patrullas y los quemaron. Los pusieron en una pila con leña, les rociaron diésel y los quemaron”.
Carta contra el Olvido
México, 15 de octubre de 2014


A la sociedad mexicana (a los que quedan).
A quienes todavía tienen ojos para leer, a quienes están y creen que nunca serán desaparecidos, les queremos decir unas palabras. 

Somos H.I.J.O.S. México y esta vez, con la rabia de siempre, pero ya sin pesar ni vergüenza, nos referimos a ustedes en estos términos. Todas aquellas personas que hoy queden vivas y libres, todas aquellas personas que leen o escuchan esto con curiosidad y que no cuentan en su familia o amistades a alguien desaparecido, deben saberlo de una vez: ustedes siguen.

Es terriblemente simple: por décadas nuestras abuelas gritaron en las plazas, marcharon, repartieron volantes, se colgaron las fotos de sus hijos al pecho; las llamaron locas,  las amenazaron y las reprimieron. Mientras tanto, la inmensa mayoría del pueblo mexicano hacía una sola cosa: nada. Voltearon hacia otro lado; aprendieron la sonrisa sin memoria; compraron algún bien y siguieron en la ficción de una vida sin desaparecidos, porque “no eran suyos”. Después, dejaron crecer solos a sus hijas e hijos, sin pensar siquiera si esa piedrita incómoda en el zapato podría crecer. Hoy, con el dolor de los años, podemos decirles que se equivocaron: el horror ha vuelto y creció.

Somos hijos e hijas también de su olvido, habitantes de este país despedazado, al que estúpidamente amamos todavía, desde lo más profundo. Por eso somos hijos del enojo, la indignación y la rabia ante los hechos acontecidos en Tlatlaya, Estado de México y en Iguala, Guerrero; somos hijos del dolor en Acteal, El Bosque, El Quemado, Aguas Blancas y tantas otras. Nuestros padres son y fueron hombres y mujeres dignos y aguerridos que lucharon de distintas maneras porque este país fuera mejor. Nosotros somos la reivindicación de sus ideales y los mantendremos vivos siempre; porque pese a todo, nos oponemos al olvido. 

Pensamos que el horror había tocado nuestras vidas cuando estábamos por nacer, cuando usábamos pañales; pensamos que nuestra herida sería la de luchar contra el olvido de nuestro país, jamás contra las fuerzas que nuevamente arrebatan padres y madres de sus casas dejando más hijas e hijos en un abrazo vacío.

Si hoy, cuando nos siguen faltando y urge localizar a los 43 estudiantes desaparecidos; si hoy ustedes tienen la sensación de que pueden volver a mirar hacia otro lado; si tienen el oculto deseo de que todo vuelva a ser igual, si quieren que este episodio de horror pase y no atormente más sus pobres almas la próxima semana, sepan que esa es la señal inequívoca: el suelo ha empezado a desmoronarse precisamente bajo sus pies.

Somos el fantasma de las navidades futuras. Estamos aquí para recordarles un porvenir que quieren desconocer. Generaciones enteras de niños, niñas y jóvenes crecen hoy como un dolor en la raíz del miedo, construyendo un futuro que ustedes, desde ya, quieren olvidar. Pero nosotros no olvidamos. Y no perdonamos. Por suerte no somos los únicos.

Hoy, quizá como nunca antes, entendemos la motivación de nuestros padres y madres al elegir el camino que eligieron. Queremos que caiga este Estado en que todos los partidos y niveles son cómplices; queremos castigo a los responsables y queremos a nuestros compañeros vivos; queremos verdad y justicia. 

De lo hecho o dicho hasta ahora, nada nos calma ni nos hace sentido (salvo la rabia cruda, la gente en las calles). Losopinólogos deberían hacer más y opinar menos; los analistas deberían moverse antes de descalabrarse por el derrumbe de sus teorías. ¿De verdad creen que es suficiente? No esperen que les aplaudamos a sus funcionarios cuando salen a buscar desaparecidos por las calles como si se hubieran perdido en una tormenta; como si no supieran por dónde y por quiénes empezar a buscar. No esperen que el verbo “esclarecer” nos deje tranquilos, ni que sus renuncias aparezcan como actos de heroísmo: todo eso no es ni lo mínimo. No basta. Nuestro pueblo debe tener más autoestima. Los queremos vivos, queremos bien a sus familias; queremos tras las rejas a responsables y cómplices, y queremos que nunca más nadie tenga que llorar un desaparecido por motivos políticos, ni por ningún otro motivo. 

La herida en el corazón del país no podía ser más clara. Desaparecer estudiantes; desaparecer futuros profesores. Nuestros padres también estudiaron en Ayotzinapa, ¿es que a este país no le bastó con que ellos ya hayan dado su vida? Nosotros pagamos el precio para que esta sociedad transitara hacia un futuro mejor y aún así esta sociedad no lucha por merecerlo. ¿Quieren desaparecer nuestra memoria? No lo permitiremos. 

Es por esto que, en los albores de nuestros quince años de existencia, H.I.J.O.S. México anuncia que se replanteará su actuar, en honor a la memoria de nuestros padres y nuestras madres, y en honor a quienes aún hoy, ante todo, siguen luchando por un otro mundo mejor. Esa alegría que algunos admiraban se nos borró de golpe en Ayotzinapa; los colores que solemos usar se están quebrando entre nuestras muelas apretadas de dolor y rabia. Y no nos vengan a contar aquella historia de la alegría y la esperanza, porque también nosotros la inventamos, pero hoy sabe a poco y no basta.

Y lo hacemos esta vez por ellos, por ellas. Por Elín, por Juan Carlos, por Esther, por el Flaco, por Rafael, por Valentín, por Tomás, por Alicia. Por tantos y tantas que nos faltan, desde hace tanto. Lo hacemos esta vez también por los nuevos hijos, por las hermanas Alvarado, por Nadin, por Dianita, por Heber, por Janahuy, por las nietas de Luli. Lo hacemos también por nuestros hijos, los hijos de H.I.J.O.S., porque otra vez nos negamos a que crezcan en un país que no se merecen.
 
Si la sociedad mexicana no hace hoy lo extraordinario, cuando llegue el día en el que conozcan este dolor como propio, no nos pregunten ¿por qué no hacemos nada en la búsqueda de sus familiares?, sólo recuerden que llevamos décadas denunciando al terrorismo de Estado, que no es nuevo. Asuman su responsabilidad en la continuidad de las desapariciones forzadas en este país lleno de impunidad, simulación y corrupción. Sabemos que hay muchas personas, maravillosas y valientes, que ponen cada día su trabajo y corazón para detener el horror. Lo reconocemos y agradecemos, pero es urgente que nos demos cuenta de que no está siendo suficiente. 
Sentimos no tener hoy palabras más hermosas, se nos están acabando; nos las quitaron cuando nos quitaron a 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, como nos quitaron a nuestras madres y padres, como ha sucedido en los últimos 45 años que ustedes, los sin dolor, no quieren ver.

Hacemos un llamado a la sociedad civil de todo México, de América Latina y del mundo entero a solidarizarse urgentemente con el pueblo del cual formamos parte. Esperamos en consecuencia que este llamado que hacemos -que no es como tantos otros que hemos hecho- haga eco. Deseamos y confiamos en que habrá una reacción a este grito que no hacemos nosotros, sino todo el pueblo digno de México y que ahora replicamos. Repudien a los gobernantes de este Estado asesino a donde quiera que vayan, exijan a los gobiernos de los demás países romper relaciones con ellos hasta que se presente con vida a los 43 compañeros normalistas desaparecidos, así como a las decenas de miles de mexicanos que se encuentran también desaparecidos. Queremos justicia y si el Estado no la provee, es el responsable directo del terrorismo en que estamos inmersos. Ayúdennos a condenarlos como humanidad, porque los desaparecidos nos faltan a todos, desde siempre y como nunca. 


Hoy más que nunca: no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos. Juicio y castigo a los culpables y sus cómplices.
¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!

miércoles, 15 de octubre de 2014

Marcha por #NOALABAJA - 16.10.2014, 18.30 hs.

Difundimos y adherimos a la convocatoria.

Este jueves 16 de octubre, trabajadores, estudiantes, voluntarios, activistas, militantes de todos los partidos, independientes, todas y todos marchamos por un Uruguay que no baja los brazos.

Nos vemos a las 18:30 en la Universidad de la República y marchamos con fuerza y alegría hacia Plaza Independencia.

Al terminar la marcha actuarán:
Cayó la Cabra 
Pa'ntrar en Calor
cuatropesos depropina 

Contamos contigo.

https://www.facebook.com/events/692972730810016/?fref=ts


martes, 14 de octubre de 2014

Repudio a la desaparición forzada de 43 estudiantes de Ayotzinapa

Convocamos y Adherimos

Martes 14 de octubre, 12:30 hs.
Concentración frente a la Embajada de México en repudio a la desaparición forzada de 43 estudiantes de Ayotzinapa




A las familias de los estudiantes asesinados y desaparecidos en Ayotzinapa
A todo el pueblo de México que continúa luchando dignamente
Jóvenes, en su mayoría hijos de familias campesinas, defensores de la educación pública y abocados a la transformación social del país, los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa son condenados a la  criminalización de  un gobierno que pretende ahogar  cualquier intento de  educación popular. Anclada en Guerrero, uno de los estados más pobres, es un espacio que se ha nutrido de varios movimiento populares que han combatido las políticas neoliberales de los sucesivos gobiernos.  
Por ello a los estudiantes se los sataniza, se los persigue y se los asesina.
Los seis asesinatos cometidos en el municipio de Iguala el pasado 26 de setiembre (tres de ellos, estudiantes) y los 43 casos de desaparición forzada entre el 26 y el 27 no son crímenes comunes producto del narcotráfico y de la corrupción, sino violaciones a los DDHH, crímenes de estado perpetrados por la Policía Municipal coludida con agentes civiles vinculados al crimen organizado que funcionan bajo un sistema de paramilitarismo. Es producto de una estrategia gubernamental que el poder político de turno, en este caso el PRI, representado en la figura de Enrique Peña Nieto, junto con las fuerzas policíacas, militares y en connivencia con los cárteles despliega a través de todo el territorio mexicano, fomentando las prácticas de paramilitarismo al asegurar un clima de absoluta impunidad. Esto permite que la dictadura perfecta penetre en cada rincón, amparada bajo la impunidad con la que hace décadas se pretende aniquilar cualquier atisbo de descontento o de transformación social.
Responsabilizamos además al gobernador Ángel Aguirre Rivero (PRD), al alcalde de Iguala José Luis Abarca Velázquez (PRD; acusado por su propio partido de cometer varios crímenes por los que a la fecha nunca fue obligado a responder), y al secretario de Seguridad Felipe Flores; estos dos últimos, fugados de la justicia luego de cometida la masacre.
Todas estas razones dejan en claro que el horror que se vivió y se vive en Iguala tiene nombre y apellido: terrorismo de estado.
El gobierno mexicano detiene, encarcela, tortura, asesina, desaparece sistemáticamente sin costo político alguno y sin rendir cuentas ni a la justicia local ni a la internacional. Es el  México de  los 100 mil muertos, de los 30 mil desaparecidos en democracia, de los cientos de secuestrados y cientos de encarcelados sin debido proceso (en su mayoría, activistas sociales). En México no hay Estado fallido ni ausencia de Estado: hay terrorismo.
Los estudiantes de Ayotzinapa  no son 43, no son una cifra, no son una estadística, son luchadores sociales dignos que defienden su derecho de educarse para educar a otros como ellos, jóvenes provenientes de los sectores más vulnerable y con menos recursos, para los que en muchos casos estas propuestas educativas son la única posibilidad de formación.
Por los estudiantes asesinados, por los estudiantes desaparecidos, por ellos y por sus familiares reclamamos justicia y exigimos la inmediata aparición con vida de:
Felipe Arnulfo Rosa, 20 años. Benjamín Ascencio Bautista, 19 años. José Ángel Navarrete Gonzalez, 18 años. Marcial Pablo Baranda, 20 años. Jorge Antonio Tizapa Legideño, 19 años. Miguel Ángel Mendoza Zacarías, 33 años. Marco Antonio Gómez Molina [no se conoce su edad]. César Manuel González Hernández [no se conoce su edad]. Julio César López Patolzin, 25 años. Abel García Hernández, 21 años. Emiliano Alen Gaspar de la Cruz, 23 años. Doriam González Parral, 19 años. Jorge Luis González Parral, 21 años. Alexander Mora Venancio, 21 años. Saúl Bruno García [no se conoce su edad]. Luis Ángel Abarca Carrillo, 18 años. Jorge Álvarez Nava, 19 años. Christian Tomás Colón Garnica, 18 años. Luis Ángel Fco Arzola, 20 años. Carlos Iván Ramírez Villarreal, 20 años. Magdaleno Rubén Lauro Villegas, 19 años. José Luis Luna Torres, 20 años. Bernardo Flores Alcaraz [no se conoce su edad]. Israel Caballero Sánchez, 21 años. Arturo Vázquez Peniten [no se conoce su edad]. Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa, 21 años. Mauricio Ortega Valerio, 18 años. José Ángel Campos Cantor [no se conoce su edad]. Jorge Aníbal Cruz Mendoza, 19 años. Giovanni Galindes Guerrero, 20 años. Jhosivani Guerrero de la Cruz, 21 años. Leonel Castro Abarca, 18 años. Miguel Ángel Hernández Martínez, 27 años. Antonio Santana Maestro [no se conoce su edad]. Carlos Lorenzo Hernández Muñoz, 19 años. Israel Jacinto Lugardo, 19 años. Adán Abraján de la Cruz, 24 años. Christian Alfonso Rodríguez, 21 años. Martín Getsemany Sánchez García, 20 años. Cutberto Ortiz Ramos, 22 años. Everardo Rodríguez Bello, 21 años. Jonás Trujillo González, 20 años. José Eduardo Bartolo Tlatempa, 19 años.
LOS ABAJO FIRMANTES EXIGIMOS JUSTICIA Y PRESENTACIÓN CON VIDA DE LOS DESAPARECIDOS
JUICIO A LOS RESPONSABLES DIRECTOS E INDIRECTOS

(Enviar adhesiones a pedidodeadhesion@gmail.com)